Cómo identificar si nuestros hijos son alérgicos o intolerantes.

Los síntomas de la celiaquía son difíciles de detectar en los niños por varios motivos. Sobre todo, porque los síntomas no tienen por qué ser permanentes.

 

GSG_06/04/2016

 

Hay mucha variedad de alimentos con gluten, y es normal que como padres os sintáis con un poco de miedo por si vuestros peques puedan tener algún tipo de intolerancia.

Es importante por tanto estar atentos a los síntomas característicos de la enfermedad, y ver si se presentan o no con el transcurso de los años.

Los síntomas más comunes para que podáis sospechar si alguno de vuestros hijos pueda tener algún tipo de alergia o intolerancia.

Dolores abdominales o calambres. Uno de los síntomas más difíciles, casi siempre por la incapacidad de los más pequeñines de describir exactamente el origen del dolor.

 

Distensión abdominal, gases o sensación de tener la tripa hinchada.
Cambios en las heces de manera frecuente, como diarrea o estreñimiento.
Náuseas y vómitos después de haber comido.
Falta de apetito.
Aumento del nivel de cansancio o fatiga (astenia), así como falta de ganas para salir a jugar o hacer cosas junto a otros niños.
Pérdida de peso repentina. Algunos niños presentan dificultades para ganar peso de manera normal.
Crecimiento por debajo de lo normal comparado con otros niños de su edad, además de presentar huesos frágiles que tienden a romperse. La pubertad también suele llegar más tarde.
Úlceras en la boca de manera recurrente y daños en el esmalte de los dientes.
Aparición de dermatitis herpetiforme, una enfermedad cutánea que aparece exclusivamente en las personas celíacas, y que se suele traducir en eczemas en las rodillas, los codos o las nalgas.

 

Al cabo de un tiempo, pueden desarrollar otros síntomas a nivel emocional, como irritabilidad o falta de concentración. Esto se debe tanto a las molestias propias de la enfermedad, como a la incapacidad del intestino para absorber algunos nutrientes, y que podría afectar a sus niveles de vitamina B12. 

Aunque los síntomas pueden presentarse antes incluso de los 3 años, la mayoría de niños no son diagnosticados hasta los 9 años. El diagnóstico precoz es fundamental para poner freno a la enfermedad, y evitar que se produzcan daños más graves sobre el intestino del niño.

 

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